“¡Mis ganas tengas! Echar maldiciones, una forma de autocuidarnos”

Espectáculo pasado

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Para más información e inscripciones, escribir a escuela@teatrodelbarrio.com

 

Pretendemos Gitanizar el Mundo

La misión de la Asociación Pretendemos Gitanizar el Mundo consiste en plantear una contranarrativa en perspectiva descolonial del relato que históricamente se ha ido construyendo en torno a lo gitano y a las personas gitanas a través de la producción y la divulgación de conocimiento.

 

¡Mis ganas tengas!

 

Echar maldiciones es un desahogo frente a la injusticia, nos reconforta y nos ayuda a recuperar el equilibrio emocional. Ese efecto terapéutico está basado en la eficacia simbólica de las palabras y viene avalado por la práctica consuetudinaria y el conocimiento ancestral preservado en el seno de la episteme gitana.

 

Uno de los prejuicios que componen el estereotipo antigitano histórico y actual es el que nos acusa, especialmente a las mujeres gitanas, de ser gentes maldecidoras. La maldición gitana es un tópico bien arraigado en el imaginario social. La posibilidad de ser víctima de una maldición gitana genera miedo y ese miedo está en la base de la desconfianza que tantas veces degenera en odio.

 

Una maldición es la expresión de un deseo maligno dirigido contra una o varias personas que, en virtud del poder mágico del lenguaje, logra que ese deseo se cumpla. Las maldiciones, al igual que las bendiciones, se expresan en modalidad desiderativa, es decir, con el verbo en modo subjuntivo. Por tanto, epistemológicamente, maldición y bendición se igualan.

 

Para la psicología social queda muy claro que para que la maldición provoque el horror es necesario que la persona maldecida comparta el registro simbólico que le subyace. Por tanto, maldecir en estos tiempos modernos no tiene ningún efecto sobre la persona maldecida.

 

El hecho de desear algo malo a alguien está muy extendido en la naturaleza humana, alegrarse de las desgracias ajenas, del mal del enemigo o de los fracasos de éste es algo que nos reconforta.

 

En eso consiste su eficacia simbólica y su efecto terapéutico consistente en la cura a través del poder de la palabra. Pero la cura de quien maldice.

 

Quienes estamos en la lucha antirracista compartimos un mismo objetivo: acabar con el odio ya que sabemos que el odio está en la base del racismo. Y, claro ¡qué mejor herramienta que el amor para combatir el odio! De eso trata este taller, de utilizar el poder de las palabras para cuidarnos, para curarnos, que es siempre una forma de amarnos. En nuestro día a día nos enfrentamos a poderes omnímodos, a terribles barreras y obstáculos que limitan el alcance de nuestro trabajo y eso nos genera un sentimiento de impotencia que puede llegar a paralizar nuestra acción lo cual sería el triunfo de nuestro enemigo, del racismo. Es en esas situaciones de estrés donde la maldición alcanza su poder terapéutico y se convierte en una eficaz herramienta para nuestro autocuidado, para conseguir la paz mental necesaria para mantener la claridad en las luchas que enfrentamos, para que la ira no nos obnubile, para que la impotencia no nos paralice.

 

Para poder maldecir tenemos que sentirnos en el lado bueno, en el lado de la justicia. De ahí viene nuestro poder, nuestra fuerza. Sabemos que la maldición no va a provocar el desastre del enemigo pero sí nos va a restituir a nuestro lugar de justicia desde el que poder seguir enunciando nuestra crítica contra la injusticia y así poder desarrollar nuestra acción de lucha contra la desigualdad.

 

En estos tiempos en los que el imperio neoliberal nos impone una ética y una estética que deplora la ira la maldición nos ofrece una eficacia simbólica, un efecto terapéutico, la cura y el cuidado a través del poder de la palabra.

 

Maldición: imprecación que se dirige contra alguien o contra algo, manifestando enojo y aversión hacia esa persona o hacia ese algo,y deseando que le venga algún daño.

 

Una maldición es la expresión de un deseo maligno dirigido contra una o varias personas que, en virtud del poder mágico del lenguaje, logra que ese deseo se cumpla. Gramaticalmente, se trata de oraciones con modalidad desiderativa (lo mismo que las bendiciones) con el verbo en subjuntivo. implica desear mal a alguien y decirlo a través de una severa expresión del lenguaje.

 

La maldición propone un escarnecimiento tan horroroso que sus admoniciones parecen dirigidas a remover temores ancestrales guarecidos en lugares muy profundos de la psiquis. Se recurre a una exageración para darle una fuerza desmesurada capaz de arrasar con la más sólida estructura racional que le pueda hacer algún contrapeso.

 

Ese plus de energía y significación convierte a la maldición en un símbolo temible.

 

Quien maldice invoca los más altos poderes celestiales (Dios, La Virgen) para desear los más crueles tormentos a la persona maldecida.

 

Las maldiciones solo alcanzan a quien cree en ellas, es decir, forman parte de una cultura conectada con la divinidad y menos pendiente de la ciencia y la tecnología.

 

El concepto bíblico de maldición es el antónimo de bendición, y no puede ser entendido uno sin el otro. Ser maldecido es ser privado de las bondades de la bendición divina.

 

Para la psicología social queda muy claro que para que la maldición provoque el horror y terror que contiene su carga de odio, es necesario que la persona maldecida comparta el registro simbólico que le subyace. Así, diversos estudios han demostrado que el terror ocasionado por un hechizo o una maldición desencadenaba una excesiva actividad simpático-adrenal con shock hipovolémico, severa hemoconcentración intravascular y deshidratación, acompañando un estado de profunda perturbación emocional.

 

Las maldiciones gitanas

 

Las maldiciones gitanas siempre han causado pavor. Se las ha temido más que a las varas verdes.

 

Las maldiciones gitanas son claras, secas, contundentes, como picaduras de avispa o alfilerazos, pero sus efectos son leves y pasajeros.

 

Casi siempre son pronunciadas sin enojo, ni cólera, ni mal humor, serenamente para cargarlas de solemnidad. De hecho, Te del sovlax (maldecir, en romanó) sirve también para jurar solemnemente. El hábito, la costumbre de echar maldiciones es un desahogo frente a la amargura de la existencia y son una estrategia, un método, de resistencia contra el Poder que nos sitúa del lado de la justicia y que nos ayuda a reequilibrar el mundo.

 

Descripción

El taller se desarrolla en 2 sesiones:

1)     Historias, cultura y resistencias del Pueblo gitano. Contextualización histórica, etnológica y sociológica para entender de dónde surge este método de resistencia gitano frente al poder payo.

 

2)     Echar maldiciones es un arte y que caigan es un milagro. Teoría y práctica de la maldición y de su valor como método de resistencia y de autocuidado.

 

Sinopsis

Frente a la celebración corporal de la danza académica clásica, en el presente taller trataremos el cuerpo como un problema. La problematización del cuerpo se articulará más allá del marco estético-escénico-musical de la danza. Creemos que existe un contexto corporal histórico y que la manera en que nos movemos no es inocente, sino que viene determinada por condicionamientos preexistentes y externos a nosotros mismos.

Oscilaremos entre varios polos. De un lado, el sueño de volar; del otro, la fuerza de la gravedad. De un lado, el ideal del cuerpo libre; del otro, el adiestramiento del cuerpo que subyace a ese ideal. De un lado, el deseo de salir de uno mismo; del otro, el miedo a perderse y hacerse daño. De un lado, la plenitud; del otro, el peligro y el riesgo de la caída.

Ficha artística

SILVIA AGÜERO

 

Gitana mestiza, feminista y lactiactivista, promotora de la campaña internacional contra la violencia obstétrica “La revolución de las rosas” en su versión gitana y de la Plataforma Rosa Cortés por la Memoria Histórica Gitana, colabora habitualmente en Pikara Magazine, Arainfo, El Diario.Es y otros medios de comunicación.

 

Es autora de Mi feminismo es gitano (Pikara, 2022). Ha participado en Disidencia en el cuerpo: perspectivas feministas (Ménades, 2019), Feminismos: miradas desde la diversidad (Oberón, 2019) y Mirades a la Violència Obstétrica (Polen ediciones/Mujer Luz, 2019).

 

Actriz y coautora del monólogo teatral No soy tu gitana (Teatro del Barrio, 2022)

 

NICOLÁS JIMÉNEZ

 

Sociólogo y máster en investigación educativa. Ha sido profesor-lector en la Universidad de Alcalá impartiendo la asignatura “Gitanos de España. Historia y cultura”.

 

 

Ambos son coautores de Resistencias gitanas (Libros.Com, 2020) y fundadores de la Asociación Pretendemos Gitanizar el Mundo.

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