Novelas sobre la Guerra Civil

Del 5 al 26 de septiembre estará en cartel del Teatro del Barrio 1940 Manuscrito encontrado en el olvido. La obra se inspira en el segundo cuento de Los girasoles ciegos, de Alberto Méndez, un texto que evoca el miedo con el que se vivía en la Guerra Civil, y su memoria y huellas. Proponemos otra ristra de títulos de ficción dedicados a las sombras infames de aquel periodo bélico, sus preámbulos y sus años inmediatamente posteriores. Novelas útiles para combatir la apropiación del pasado (un concepto que acuñó Walter Benjamin) que se ha perpetrado al transmitirnos, por cauces oficiales, nuestra historia reciente.

 

Por quién doblan las campanas, Ernest Hemingway. Un clásico. Una de las siete novelas que firmó el Nobel de 1954, icono de la Generación Perdida y cuya obra impresionista significó un punto de inflexión en la Historia de la Literatura, y que, además de cubrir la Guerra Civil como corresponsal, apoyó al bando republicano con ambulancias llegadas de Estados Unidos. El protagonista de la trama, Robert Jordan, es un profesor de español nacido en Montana que lucha en el bando republicano como especialista en explosivos. Cuando el general Golz le encarga la destrucción de un puente durante la batalla de Segovia, conoce a María, una chica que devolverá el amor a su vida.

Celia en la revolución, Elena Fortún. Este fue el último título que publicó Elena Fortún en torno a su personaje Celia. Había comenzado la serie en 1928, se interrumpió al estallar la Guerra Civil y la reanudó con Celia madrecita (1939), primer volumen que salió directamente en libro. Pero este último texto no vio la luz hasta 1987, treinta y cinco años después de la muerte de la autora. Seguramente porque Celia contaba la verdad descarnada sobre la guerra: muy al estilo de los escritores que vivieron la II Guerra Mundial, el texto es una suerte de diario escrito en presente sobre cómo vive Celia la contienda, experiencias que manan de las de su autora. El golpe de estado la sorprende con quince años y viviendo con su familia en Segovia, que cae del lado nacional. Huirán a Madrid, pero el avance bélico la pone en peligro constante, y viene la separación: el padre marcha al frente y la criada Valeriana se refugia en Valencia junto las niñas más pequeñas. Sola, hambrienta y al arrastre de los acontecimientos, Celia tratará de sobrevivir y volver a ver a su familia y a su amor, el soldado Jorge.

Historia de una maestra, Josefina Aldecoa. Una de las escritoras más destacadas de la generación del 50 escribió esta novela como regalo para su madre y homenaje a las maestras de la República, que cruzaban las montañas para llegar a pueblos escondidos, donde las esperaban niñas y niños a quienes nadie se había ocupado de enseñar a leer o escribir. Esta es la historia de Gabriela López Pardo, que vivió el desgarro familiar, el desamor y la revolución de Octubre en un pueblo minero, y se entrega a la labor docente asumiéndola como una lucha colectiva, llena de renuncias en lo personal, contra la ignorancia y el caciquismo. Como una necesidad vital para conseguir despertar a un pueblo adormecido.

Los soldados lloran de noche, Ana María Matute. Una de las embajadoras de las letras españolas en la infancia y la novela fantástica escribió esta novela en 1963, como parte de su trilogía Los mercaderes, que se inició con Primera memoria y le granjeó el Premio Fastenrath de la Real Academia Española. Enmarcada a finales de la Guerra Civil, la historia gira en torno a la figura de Jeza, un misterioso soldado desaparecido que se convertirá en el héroe para que Manuel y Marta acepten el final de la inocencia de su niñez, en una metáfora sobre el compromiso vital.

La larga marcha, Rafael Chirbes. El compromiso social que asumió, con su obra, Rafael Chirbes, una de las grandes voces de la literatura española, se ancla en los años 60 en este fresco sobre su generación y la precedente, que compone un reflejo del paisaje de moral de la posguerra, lleno de “silencios, de cosas contadas a media voz», según expresó el autor. Dos generaciones de personas que se reparten el dolor y la humillación de la derrota mientras aprenden la dura tarea de sobrevivir. La juventud universitaria intenta tomar conciencia mientras aprende a construirse contra un pasado que inevitablemente forma parte de su herencia. En otros títulos de su bibliografía, Chirbes también retrató los años oscuros del franquismo y la guerra. La larga marcha es, para mucha gente, su mejor texto.

Otra maldita novela sobre la Guerra civil, Isaac Rosa. En La malamemoria, la primera novela de Isaac Rosa, el autor indaga en el peso del pasado partiendo de dos personajes: Julián Santos, un escritor que recibe un inusual encargo, y Gonzalo Mariñas, un político con mucho que ocultar. Los une un misterio: un pueblo desaparecido. Otra maldita novela sobre la Guerra civil es un ejercicio metaliterario del propio Rosa en el que el autor señala las debilidades de su texto debut. Una reflexión sobre la escritura y la lectura, los convencionalismos literarios y los argumentos esquemáticos que se vienen aplicando al relato de la Guerra Civil.

El arte de volar, de Antonio Altarriba. El 4 de mayo de 2001, el padre de Antonio Altarriba se arrojó, a los noventa años, por la ventana de una residencia de ancianos de Lardero. Un salto al vacío de quien había pasado la vida aprendiendo a volar: desde los campos de Peñaflor, las trincheras de la lucha antifranquista, la Francia del exilio o la España del dictador. En este cómic, el hijo se mete en la piel del padre y documenta su historia, dando forma a una grandísima crónica de la España del pasado siglo, que además constituye uno de los grandes hitos de la historia de nuestro cómic y le valió al dibujante el Premio Nacional de Cómic 2010.

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