Testimonios y experiencias en campos de concentración en libros y películas

Del 22 al 26 de septiembre estará en cartel del Teatro del Barrio Si esto es un hombre, con dirección en interpretación de Carlos Álvarez – Ossorio. La pieza traslada a escena el icónico título en el que Primo Levi narró su experiencia en Auschwitz. Aunque es un tema demasiado complejo como para abreviarlo, proponemos una breve serie de lecturas y películas que han abordado las experiencias en campos de concentración.

LIBROS

Si esto es un hombre, Primo Levi

Si esto es un hombre se publicó en 1947 en Italia, con escasa repercusión. Primo Levi lo había escrito a partir de datos que había investigado durante la elaboración de un informe técnico para los Aliados, tras la liberación de los campos. Hubo que esperar hasta 1963, cuando publicó La tregua – segundo volumen de la Trilogía de Auschwitz que completó el imprescindible ensayo Los hundidos y los salvados – para que la primera pieza de esta serie tuviese la relevancia que merece. La obra relata el día a día en un campo de exterminio a partir de la experiencia del propio Primo Levi, desde una objetividad seca y directa que conduce al horror a quien la lee. El embrión del libro surgió en la mente del escritor cuando, preso en el campo, se dio cuenta, junto con otras personas deportadas, de que, quizá, lo que estaba pasando allí podría no saberse nunca.

Sin flores ni coronas, Odette Elina

Odette Elina fue liberada de Auschwitz en 1945, e inmediatamente después escribió este libro a base de notas, porque sentía la necesidad de plasmar aquella experiencia, aquellos recuerdos. Acompañó sus palabras de dibujos -fue pintora antes que escritora-. Sin ornamentos estilísticos, Elina crea imágenes de gran potencia emocional a la hora de relatar su experiencia, donde, además de una mirada al horror cotidiano de los campos, se destacan también ciertas bondades, cierto humanismo que surgía en el interior de los barracones.

Ya sabes que volveré, Mercedes Monmany

En este ensayo absolutamente alucinante, Mercedes Monmany se acerca a la vida de tres escritoras que sufrieron los campos de concentración: Etty Hillesum (1914-1943), escritora de diarios; Getrud Kolmar (1894-1943), que, aunque polifacética en su creación, ante todo se recuerda como poeta y narradora, y era prima hermana de Walter Benjamin; e Irène Némirovsky (1903-1942). Esta última es, posiblemente, la más conocida de las tres escritoras gracias a la reciente reedición de sus obras, que tuvieron gran éxito en su época para sumirse en el olvido después y durante décadas, hasta volver a convertirse, hace pocos años, en una escritora muy leída e, incluso, premiada, por esas cosas del marketing editorial, de las dinámicas de los medios de comunicación y de los influencers de lo intelectual.

Otras miradas femeninas sobre los campos

Ninguno de nosotros volverá, de Charlotte Delbo; Regreso a Birkenau, de Ginette Kolinka; Como una rana de invierno, de Daniela Padoan, que recoge los testimonios de Liliana Segre, Goti Bauer y Giuliana Tedeschi, tres italianas deportadas a Auschwitz; Las 999 mujeres de Auschwitz, de Heather Dune Macadam; Ruta Tannenbaum, de Miljenko Jergovic; Cuatro mendrugos de pan, de Magda Hollander-Lafon; y los libros de Hélène Berr, Rachel Auerbach, Gisella Perl, Olga Lengyel, Nelly Toll o Isabella Leitne.

El monstruo de la memoria, Yishai Sarid

El monstruo de la memoria se estructura como una larga carta o informe que un joven historiador israelí, estudioso de los medios de tortura nazis y que trabaja como guía de excursiones a los campos de exterminio en Polonia, envía al presidente de Yad Vashem (Monumento conmemorativo para la preservación del nombre), una institución ubicada en Jerusalén que tiene el objetivo de mantener viva la memoria de las víctimas del Holocausto. Una novela que linda con el ensayo para reflexionar sobre la relación que tenemos hoy con el pasado y la memoria, que, en ocasiones y para el autor, se acerca demasiado a la espectacularización del dolor.

PELÍCULAS

Noche y niebla, de Alain Resnais

Con este mediometraje de media hora, Resnais ayudó a construir el imaginario fílmico de los campos de concentración en un documental sin apenas guion, convertido en un “gesto cinematográfico” para evidenciar, mediante imágenes, lo que hasta entonces -1956- apenas se había visto. En la cinta, Resnais quería situar al espectador en el presente de los campos, mostrar qué fue la Solución Final. E inició así una polémica que, años después, meditaría si se puede o no representar en imágenes el Holocausto. Y cómo hacerlo.

Shoah, de Claude Lanzmann

Obra esencial, controvertida y discutible del cine concentratario, que el cineasta francés estrenó en 1985. Diez horas basadas en la oralidad en las que Lanzmann reúne testimonios de personas que fueron víctimas, testigas y verdugas del exterminio de las comunidades judías durante la Segunda Guerra Mundial. Lanzmann elude mostrar cualquier imagen: parte de la tesis de que solo el relato de quienes, de una manera u otra, vivieron aquel horror pueden construir el relato. Para Lanzmann, que, más tarde, en su última película –El último de los injustos– estuvo cerca de traicionarse, lo ocurrido en los campos de concentración era infilmable y no debía mostrarse.

Histoire(s) du cinéma, de Jean-Luc Godard

En este documental de más de cuatro horas de duración, una de las grandes obras de Godard, el cineasta suizo toma imágenes de archivo de toda índole para trazar una mirada correlativa entre el cine y la historia del siglo XX con el Holocausto como punto de inflexión, entendiendo que la falta de difusión -por entonces- de imágenes del interior de los campos -esto es, la ausencia de testimonio visual de las atrocidades que se acometieron en ellos-, bloqueaba una vía para el intento de comprensión. Lanzmann y Godard entraron en una polémica sobre la representación visual del Holocausto.

La cuestión humana, de Nicolas Klotz

A partir de la novela de François Emmanuel, Klotz rueda La cuestión humana, una película ambientada en el ámbito de las grandes empresas. En ella seguimos a un responsable de recursos humanos que ha logrado reducir con éxito la plantilla. Al investigar a uno de los directivos, detecta que la reducción está relacionada con la shoah. Poco a poco, el protagonista descubrirá un documento sobre la Solución Final lleno de eufemismo que aparecen también, actualizados, en sus informes de recursos humanos.

El hijo de Saúl, de Lázsló Nemes

En El hijo de Saúl, su director sitúa la cámara cerca de Saúl, un sonderkommando (nombre que designa los comandos especiales, unidades de trabajo formadas por prisioneros de los nazis) que está obsesionado por recuperar el cadáver de un niño para que pueda tener un enterramiento bajo el rito judío. Con la cámara en pleno movimiento, la película traza el itinerario de Saúl dejando el contexto de los campos, y del exterminio, como fondo de su odisea personal. Crea, así, una dialéctica entre el primer plano -Saúl- y el segundo -Auschwitz-, entre la historia individual y la colectiva, entre lo representable y lo irrepresentable. Deja que aquello que no vemos, al menos, lo oigamos.

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